Fotógrafos: verdad y mentira.

 

Hay un tipo de fotógrafo, muy apreciado, desgraciadamente, por los comisarios de arte y los críticos, que dedican más esfuerzo a explicar su obra y la cantidad de cosas que hay detrás, que a realizarla.

Es el tipo de fotógrafo hermético. Que compone, es un decir, imágenes bucólicas, en su mayor parte, con elementos estáticos que remiten a sitios y emociones variables, según el autor. E insisto en “según” el autor (también los comisarios y los críticos) porque de otra manera la interpretación, si alguien tiene la voluntad de hacerla, seria tan variada como las personas que miraran esa imagen.

Porque son fotografías que, en realidad solo buscan el impacto (la mayor parte de las veces copiando otras ya hechas) y una vez el autor/a considera que lo ha conseguido ya le encaja una explicación. O, si de verdad tenía una idea previa, no ha generado la imagen en función de esa idea original, si no que ha buscado en su disco duro o en Pinterest o en cualquier sitio parecido una imagen que se ajuste a su idea… Nuevamente copiando.

Por otra parte están los fotógrafos que no tienen ninguna intención a la hora de generar sus imágenes, más allá de contar, siempre, la verdad. Y la verdad, ojo, puede ser una fantasía o una ficción… Pero siempre habrá una verdad asociada a toda creación, aunque sea en términos conceptuales… Pero de esto hablamos en otro momento.

Un gran ejemplo de lo que quiero decir es Samuel Aranda y la foto que le hizo ganar el World Press Photo. Hay cientos de interpretaciones sobre esa imagen, lo que simboliza, el mensaje que encierra, las metáforas que encarna… Pero cuando es él el que tiene que hablar de ella todo es más sencillo. Detrás de su imagen no hay nada más que la intención de contar, de la manera más sincera y resumida posible (no olvidemos que una foto, en periodismo, es eso: un resumen de lo que se pretende contar), lo que estaba viviendo.

Samuel Aranda ha explicado, en todas las ocasiones en las que se le ha preguntado, que esa foto no es el fruto de la búsqueda de una imagen icónica que representara, o simbolizara, nada. Todo, como en la vida real, es mucho más sencillo.

Después de una jornada en primera línea en el pueblo de Saná, en Yemen, fue testigo de como francotiradores del gobierno disparaban sobre manifestantes y acudió al hospital más cercano. En realidad una mezquita habilitada como tal.. No buscaba ninguna poesía. Buscaba la prosa del testigo presencial. Pero, lo más importante, no olvidaba que estaba allí para vender sus fotos. Así que lo que buscó, cuando entró al hospital, fue “algo diferente”. Y entre todos los cuerpos sangrantes, familiares aullando de pena, víctimas gritando de dolor… Entre todo eso le llamo la atención una madre que, en silencio, abrazaba al que parecía ser su hijo. También en silencio.

Según el, ni tan solo reparó en que la composición de la imagen recordaba a las “Pietàs” renacentistas. No hubo más intención que la de ser un transmisor fidedigno de lo que estaba viendo, en primer lugar, y también, en segundo, destacarse de los demás. Conseguir una imagen “diferente”, única si queremos utilizar esta expresión, a las que iban a conseguir el resto de los fotógrafos que se habían acercado con él al hospital.

¿Cual es la diferencia entre uno y otro?… Más allá de lo evidente y expuesto aquí: la intención. Básicamente la intención. La de crear con sinceridad o la de engañar pretendiendo que creas. La de ser limpio y transparente o la de añadir capas y capas, arbitrarias, a lo que haces para disimular la vacuidad de tu intensidad.

Y ser limpio no implica no trabajar con niveles de significado, capas de lectura o metalingüística fotográfica… Ser limpio no significa renunciar a la complejidad. Significa que cada cosa que haces tiene un porqué y un para qué detrás. Cuales sean es indiferente. Pero, al margen de la calidad final del resultado, este camino no garantiza, por supuesto, la excelencia. Al margen, como decía, de la calidad, lo que indiscutiblemente si será la creación resultante es honrada. Y no una mentira maquillada y aplaudida por amigos, comisarios, críticos y “gurús” tan mentirosos y vacuos como el creador.

Cualquiera puede escribir una frase ininteligible y decir que es poesía. Pero no todo el mundo es capaz de usar estructuras conocidas y hacer poesía.

 

 

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