¿Sabes si tus fotos son aburridas?

 

A estas alturas nadie que haya pasado un mínimo de dos veces por este blog desconocerá que hay dos cosas, principalmente, sobre las que se basan los post: la narrativa fotográfica y el aprendizaje continuo. Y es que no se puede progresar en la capacidad comunicativa de tu fotografía si detienes tu proceso de aprendizaje. Pero… ¿aprendemos con la practica? Yo diría que no. O al menos no del todo. Voy a intentar explicarme.

Pero antes os explico el título y la relación que tiene con lo que acabáis de leer. Hay muchas cosas que un fotógrafo que tenga aspiraciones artísticas debe aprender o desarrollar. Y entre las importantes está, sin duda, la capacidad de reconocer cuando su fotografía se ha vuelto aburrida, predecible y sin el brillo que tenia cuando aun era capaz de establecer conversaciones emocionales con sus espectadores. Y esta capacidad es algo que no es fácil de adquirir y muy difícil de mantener. Porque todos queremos, en el fondo de nuestro corazón, que cada cosa que hacemos sea una pieza maestra… Pero no es así. Porque la rutina diaria te absorbe, te pega a tus desempeños, elimina la distancia necesaria para ver con perspectiva nuestro propio trabajo y te lanza a una producción en serie acelerada que solo te permite hacer repeticiones de un modelo que, en su momento, fue novedoso pero que ha perdido el brillo y la fuerza.

Y por eso aseguraba, al empezar este post, que la práctica, en realidad, no es un camino tan evidente para aprender. Porque la práctica diaria de lo que hacemos, sea lo que sea, automatiza nuestros procesos y no suele dejar un espacio para la reflexión. Todo lo que hacemos, en base, precisamente, a esa repetición, pasa a ser “parte integrante” de nosotros mismos. Algo en lo que no reparamos, algo que, incluso, olvidamos que existe. Es funcional, es eficiente… pero es automático.

Solo cuando, voluntaria o forzadamente, nos detenemos es cuando todo lo que hacíamos adquiere una cierta distancia. Vuelve a ser algo ajeno a nosotros. Una entidad asociada, pero no una parte integrante. Y es en esos momentos en los que somos capaces de ver que nuestro trabajo fotográfico ha perdido el brillo que tenia. Es cuando nos damos cuenta de que estamos haciendo fotografías aburridas. Hasta para nosotros mismos.

Pero dentro de esta triste revelación está la clave de la solución. Porque con la distancia recién adquirida no solo identificamos el problema, también generamos el espacio para incluir las novedades. Pueden ser tantos y tantos detalles que hemos ido recogiendo en el camino hasta esa parada y que, precisamente por la rutina absorbente, siempre dejábamos para “otro momento”. O, quizás, sencillamente sea “el momento” de leer y ver todo aquello que hemos ido acumulando durante meses pero que solo hicimos eso: acumular.

Yo, y es solo mi opinión, diría que es obligatorio detenerse cada cierto tiempo. Detenerse de manera absoluta. Dejar de hacer fotos, dejar de procesar RAWS, dejar de planificar sesiones, dejar, incluso, de hablar con las personas con las que habitualmente hablas de fotografía. Obligarse, incluso, a echar el freno. Para algo tan etéreo, pero tan real, como es dejar que todos los conocimientos que tu mente ha ido percibiendo y arrastrando detrás de ti te alcancen, que se asienten en ti, que, consciente o inconscientemente, se sumen a lo que sabes y que con esa parada tranquila el polvo de la velocidad se disipe.

Es el momento, también , de buscar cosas nuevas, de arriesgarse a conocer el trabajo de otros, de no ser el típico fotógrafo envidioso que piensa que es el mejor y que los demás le envidian y por eso no reconocen su merito… seguro que muchos habéis sonreído con esta frase. Sabéis que es verdad. Este no es un colectivo que se caracterice por un gran compañerismo. Por gestos si, pero vacíos. A la hora de la verdad… ya sabéis: hay mucho fotógrafo cobarde. Pero ese, ya lo sabemos, no es el camino. El camino es ser humilde. Y más aun en la parada: mirar a tu alrededor, acercarte al trabajo de otros fotógrafos. Con la mirada limpia, buscando eso en lo que son mejores que nosotros. Con la intención de reconocerlo y aprender.

Deteniéndonos, mirando con objetividad nuestro trabajo, siendo humildes, reconociendo los méritos de otros fotógrafos, buscando nuevos conocimientos y nuevos caminos… Solo así conseguiremos que nuestras fotos dejen de ser aburridas.

 

 

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